En el Yoga todos los componentes de la persona entran en juego; zonas corporales, emociones, sensibilidad, voluntad, inteligencia…

Cuatro bases sobre las que ponemos especial atención:

Estructuras musculares y el Yoga. Yoga y estrés

Las actividades mentales, emocionales, los sentimientos… quedan reflejadas en las actitudes musculares, las posiciones y los gestos.

El cuerpo es receptor de nuestro sistema nervioso y por tanto de nuestra actitud.

Cuando un estado de tensión se produce con frecuencia, se suele instalar en alguna parte del cuerpo provocando un exceso de tono muscular implicando tanto  las cadenas musculares asociadas como a sus articulaciones. Por eso veremos que la parte “estructural” del Yoga, como trabajo psicofísico que es, agrupa gran parte de sus ejercicios, (Asanas y Karanas) desde el punto de vista de su actuación principalmente sobre la columna vertebral, por la importancia que tiene, tanto como eje estructural del cuerpo como por el vínculo que mantiene con el sistema nervioso y orgánico (digestión, evacuación…).

Otros ejercicios inciden sobre el sistema endocrino  influyendo en las hormonas del estrés estimulando la respuesta de la relajación.

Respiración

Muchas personas no respiran adecuadamente llenando mínimamente los pulmones, consumiendo mucha energía y aportando un beneficio ínfimo al organismo. El simple hecho de prestar atención a la respiración nos ayuda a aumentar la capacidad respiratoria, lo que conlleva una oxigenación más adecuada y una tonificación de los órganos vitales.

Al controlar la respiración para conseguir relajarnos ayudamos a rebajar los trastornos producidos por el estrés, como por ejemplo la tensión arterial alta. Equilibramos el sistema nervioso y facilitamos la conservación de funciones cognitivas tales como pensamiento, memoria, capacidad para resolver problemas, comprensión, atención, concentración, percepción, razonamiento…

En el Yoga el trabajo de la respiración (Pranayama) puede proporcionarnos efectos puntuales tanto estimulantes como moderadores y relajantes.

Tiene como misión calmar la mente y dar un efecto estabilizador. Sirve de base para trabajos de interiorización y concentración activa que llevará la mente hacia un estado de calma.

Aun siendo en este caso la respiración la “herramienta” utilizada, también nos proporcionará un beneficio directo sobre sí misma y ciertas patologías respiratorias.

Relajación

Sin duda el nivel de actividad con el que vivimos nos lleva a menudo a sobrepasar nuestros ritmos biológicos. La relajación utilizada como práctica terapéutica por los innumerables beneficios que aporta,  es un medio natural de establecer armonía física y psíquica.

Un estado particular en que las funciones vitales se ralentizan, el sistema muscular desciende a una mínima tonicidad, la actividad cerebral se reduce y la mente se estabiliza manteniendo un cierto grado de conciencia, permitiendo un notable descanso y una rápida recuperación de energías que, en relación con la hora en que se practique, permitirá una mejor actitud en las tareas cotidianas y un mejor descanso y calidad de sueño.

Meditación e Interiorización

La Meditación es una de las claves para abrir la puerta a la serenidad y al equilibrio, un viaje hacia la comprensión de uno mismo y una ayuda para aprender a encauzar la energía activando los recursos mentales y psicológicos.

La Meditación integra el mundo interior de la persona, la fortalece y le facilita una actitud de resistencia y poder al permitir encontrarse consigo misma conduciéndola hacia una actitud más positiva.

Nos ayuda a reducir complejos, inhibiciones, conflictos y contradicciones internas. Aplicando a la sesión de Yoga el aspecto corporal (Asanas) junto con la respiración (Pranayama), nos proporciona un estado de disponibilidad que la facilita.

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